sábado, 11 de julio de 2015

Reseña: MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS (1998, Terry Gilliam)

Un periodista y un misterioso abogado que viajan en un descapotable rojo se dirigen, a través del desierto, a Las Vegas. El maletero del coche es una auténtica farmacia: dos bolsas de marihuana, 75 pastillas de mescalina, 5 hojas de ácidos y muchas otras drogas.


Esta es la sinopsis de Miedo y asco en las Vegas, la novena película de Terry Gilliam, consolidado ya como uno de los grandes directores de cine actual. El director de Doce monos ha plasmado de una forma controvertida y juzgada desde diferentes puntos de vista, muy distintos unos de otros, el universo único y deforme que las distintas drogas que consumen nuestros protagonistas crean para deleite, visual y narrativo, del espectador.
Sus principales características, en lo que al apartado técnico se refiere, son visibles nada más empezar, pero sufren ligeras evoluciones que acompañan al estado físico y psíquico de los personajes. La más destacada son los frenéticos movimientos de cámara, que hacen que nos tambaleemos por toda la habitación del hotel Mint, mostrándonos las consecuencias destructivas, pero a la vez con un componente atractivo, de una noche liderada por las sustancias.
No tiene reparo en pasar de un plano medio en movimiento a un primer plano de la cara de un personaje,  caricaturizado al máximo en los rasgos faciales y personales por la distorsionada visión de la realidad, jugando al desconcierto. Pero a pesar de esto, el film no mantiene al espectador distante, sino que le invita cálidamente a entrar en él.
Otra de las características es el uso de la luz, que toma un papel importante a la hora de sumergirnos en los determinados comportamientos que las distintas drogas producen, siendo está a ratos muy viva, mezclando colores cálidos y fríos de manera intermitente, y a otros oscura y deprimente, mostrando de manera casi fidedigna los momentos posteriores a los efectos de la consumición.
Las actuaciones a cargo de Depp y Del Toro son dignas de adulación, creando una pareja de culto dentro de este modo de hacer cine, asemejándolos quizá con Micky y Mallory, de Asesinos por naturaleza (Oliver Stone, 1994).

"Quien hace una bestia de si mismo se libra del dolor de ser un hombre".
Pero la trama esconde algo más aparte del desfase plasmado en imágenes, ya que, entre líneas, se puede apreciar la crítica a la sociedad americana de los 60, específicamente a la joven generación que quiso cambiar las convicciones e ideales del mundo, fracasando estrepitosamente y dejando como herencia una subcultura rendida al culto de los estupefacientes. Es la historia de las personas que, al ver acabado el movimiento en el que habían cimentado sus vidas, se vieron perdidas y sin comprender a la sociedad que les había tocado vivir, viéndola como algo envenenado y amargo.

En conclusión, Miedo y asco en las Vegas me parece, en todos los sentidos, una obra de arte catalogada en un museo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver, tratando de explorar otras maneras de narrar sin descuidar el apartado visual. Te lleva de un lado a otro, te patea en la cara, vives los estímulos que ellos viven, y que otros nunca vivirán. Te sumerge en un mundo donde los pensamientos de los personajes se mezclan con su realidad alternativa. Una película que recomiendo encarecidamente a todo el que esté dispuesto a apreciarla. 

NOTA: 9,2/10


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