viernes, 31 de julio de 2015

Reseña: EXTRAÑOS EN EL PARAÍSO (1984, Jim Jarmusch)

Willie, un inmigrante húngaro en Estados Unidos, acoge en su casa a su prima Eva durante 10 días. Allí conocerá a Eddie, amigo y compañero de Willie.  Después, Eva se marcha a Cleveland, pero al poco tiempo será recogida por los dos amigos para hacer un viaje improvisado a Florida, donde comenzaran a forjar un extraño y atrayente vínculo.

Esta es la sinopsis de extraños en el paraíso, la segunda película de Jarmusch, consolidado ya como uno de los mejores directores independientes americanos, por no coronarlo. Este ha sabido crear una obra inusual, que derrocha personalidad y una original (e innovadora) manera de narrar una historia que necesita ser amada de forma forzosa para ser apreciada enteramente.
El film está formado por tres cortometrajes que, en su totalidad, dan forma a un relato a veces distante, otras conciso y en ocasiones divertido, cosa que se nota en los diálogos, muy cuidados y rozando la sencillez. Este trato al diálogo será una de las características que el director plasmará en sus siguientes trabajos, como Bajo el peso de la ley o Mistery Train.


Sus características principales, en lo que al apartado técnico se refiere, son el uso de planos fijos, donde no es necesario ningún movimiento de cámara para situarnos y enseñarnos con claridad todo lo necesario para mantenernos pegados a la pantalla. También destaca el uso moderado de los elementos dentro de la escena, mezclando objetos de cultura americana con el desorden total de los interiores, que se emparejan con exteriores limpios y sutiles donde se muestra verdaderamente la calidad de la fotografía.
El uso de la música también toma un papel importante. La banda sonora corrió a cargo de John Lurie (Willie), acompañando a la película con un aire minimalista. Pero la verdadera seña de identidad, y por la cual muchos reconocen el film, es por la repetición de I put a spell on you, de Jay Hawkins, que dota de una fuerza que hace alzarse a sus secuencias por encima del resto del film. 
Las pausas en negro entre escena y escena pueden parecer a primera vista un enlace entre una situación y otra, pero yo me atrevo a decir que es un fotograma más, igual de válido. Nos da la oportunidad de reflexionar y de sacar nuestras propias conclusiones sobre la acción anterior, acrecentando también nuestras ansias por la siguiente.


Los personajes caminan por las decadentes calles de la ciudad, ¿Cautivados por su belleza oculta pero atrayente? ¿Decepcionados y anclados a ella de por vida? El mensaje nunca queda claro, al igual que las metas y pensamientos de los personajes que, aunque se dejen llevar por la sencillez y el silencio, rebosan humanidad. Podríamos decir que se acomodan en un ambiente incómodo. 
El film no intenta escapar mediante divagaciones o manifestaciones emocionales más allá del propio personaje, sino que asume el lugar y la situación. Los protagonistas, con rostro inalterable, se comportan con una rigidez sorprendentemente vívida, creando durante todo el metraje situaciones de tensión estática, donde en la atmósfera flotan sentimientos confusos. Las palabras se clavan como puñales, pero el dolor silencioso se convierte en un placer visual.

Extraños en el paraíso... El nombre quizá viene a simbolizar el repentino cambio de las relaciones que sufren los protagonistas al sumergirse en un lugar nuevo, que no está contaminado ante sus ojos. Es un soplo de aire fresco en su mentalidad, basada en el laberinto de calles y basura en el que habían estado sumergidos. Cada personaje es movido por algo, y el "paraíso" les influye de maneras distintas. ¿El resultado? No lo hay, o al menos no es visible. Todo se deja a manos de la imaginación del espectador. 

Sin duda, una película referente para los jóvenes directores emergentes, y que aún hoy en día es tomada como referencia en las realizaciones independientes.

NOTA: 7.3/10



lunes, 13 de julio de 2015

Reseña: LA GRAN BELLEZA (2013, Paolo Sorrentino)

Roma, un verano en todo su esplendor. Jep Gambardella es un hombre atractivo y seductor irresistible, que hace ignorar a cualquiera sus primeros signos de envejecimiento. Jep disfruta al máximo de la vida social de la ciudad y asiste a cenas y fiestas chic, donde su ingenio y deliciosa compañía son siempre bienvenidos. Periodista de éxito y seductor innato, escribió una novela de juventud con la que consiguió un premio literario y su reputación de escritor frustrado. Ahora esconde su desencanto tras una actitud cínica que le lleva a ver el mundo con cierta lucidez amarga. Cansado de su estilo de vida, Jep sueña con volver a escribir.

La nueva película de Sorrentino, director de Il divo (2008) y uno de los más grandes autores italianos en lo que llevamos de siglo, desprende belleza. No hay más que fijarse en los primeros minutos de metraje, donde nos sitúa en una extravagante fiesta de extravagantes personajes, avivada por el alcohol y la repetitiva Far L`Amore. Y, en medio de esta, nuestro protagonista se evade, iluminándose. Comprende que se ha dejado impregnar por el silencioso veneno de la ruidosa Roma, y que este no es su lugar. Así comienza el film, y nuestro cometido será acompañar a Jep Gambardella a encontrarlo, recorriendo con él las calles y los palacios, las azoteas y los antros de su amada y odiada Roma.

Sus características principales, técnicamente hablando, son los movimientos de cámara, a momentos impetuosos e irritados, y a otros calmados y desfogados, acompasando el estado de ánimo de los protagonistas. Con pulso firme y mirada decidida, la película está narrada, con una magnificencia digna de los más grandes maestros, de una manera en lo que lo visual y lo narrativo bailan en nuestras retinas, sumergiéndonos en la noche y haciéndonos vivir el día. Muy pocas veces se ve una mezcla que desprenda tal esmero y dedicación, mostrándonos que el cine como arte sigue vivo.


Deambulamos entre lo fatalista (donde entra la mención a Proust), lo ridículo (que bebe directamente de lo felliniano, así como algunos de los personajes y sus relaciones), la intelectualidad y la búsqueda incesante de la pureza en el alma y su la visión del mundo como algo inmortal en el corazón del hombre.
Pero la idea de que todo es efímero atormenta a los individuos que pueblan la vida del protagonista, adorando a todo aquel que parece haber alcanzado algo de espiritualidad, algo de orden en el caos de sus vidas. Jep es consciente de esto, y se ve obligado a mirar como nadie hace nada por intentar alcanzar ese orden. El ejemplo más claro es el de la santa, que predica valores que todos aplauden pero nadie pone en práctica.

Pero no todo es decadencia, ya que en toda la película se repite un interrogante; ¿Existe le gran belleza? Y esta pregunta se reduce, siempre, al amor y a su necesidad de vivir constantemente el él, anclándose en el pasado y olvidando el presente, que solo es un sueño eterno. Pero el amor no es el final, o eso es lo que da a entender la película. ¿Entonces qué es? ¿Está al alcance de nuestras manos manchadas del pecado del que no queremos redimirnos? El protagonista, en mi opinión, no lo conoce. La cinta acaba, dejándonos con la sensación de haberle dejado a medio camino, esperando que prosiga su viaje, a cada paso más reconfortante, y esperando a que nosotros sigamos el nuestro.


"La nostalgia es la única distracción posible para quien no cree en el futuro". 

Se trata sin duda de una revisión moderna de la Dolce vita (1963), pero preferiría el término "revitalización", ya que para un servidor, supera con creces lo contado en el clásico de Fellini, aunque perdiendo quizá el papel de la ciudad como algo desconocido y pieza fundamental del desarrollo de la personalidad de los personajes que la habitan.

En definitiva, una obra maravillosa, donde quedaremos hechizados ante tal muestra de dominio absoluto de la imagen. Quizá el final nos deje sin un lugar claro en el que asentarnos, pero la persecución de la belleza y el retrato de esta en nuestra sociedad nos dejará huella.

NOTA: 9.7/10


sábado, 11 de julio de 2015

Reseña: MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS (1998, Terry Gilliam)

Un periodista y un misterioso abogado que viajan en un descapotable rojo se dirigen, a través del desierto, a Las Vegas. El maletero del coche es una auténtica farmacia: dos bolsas de marihuana, 75 pastillas de mescalina, 5 hojas de ácidos y muchas otras drogas.


Esta es la sinopsis de Miedo y asco en las Vegas, la novena película de Terry Gilliam, consolidado ya como uno de los grandes directores de cine actual. El director de Doce monos ha plasmado de una forma controvertida y juzgada desde diferentes puntos de vista, muy distintos unos de otros, el universo único y deforme que las distintas drogas que consumen nuestros protagonistas crean para deleite, visual y narrativo, del espectador.
Sus principales características, en lo que al apartado técnico se refiere, son visibles nada más empezar, pero sufren ligeras evoluciones que acompañan al estado físico y psíquico de los personajes. La más destacada son los frenéticos movimientos de cámara, que hacen que nos tambaleemos por toda la habitación del hotel Mint, mostrándonos las consecuencias destructivas, pero a la vez con un componente atractivo, de una noche liderada por las sustancias.
No tiene reparo en pasar de un plano medio en movimiento a un primer plano de la cara de un personaje,  caricaturizado al máximo en los rasgos faciales y personales por la distorsionada visión de la realidad, jugando al desconcierto. Pero a pesar de esto, el film no mantiene al espectador distante, sino que le invita cálidamente a entrar en él.
Otra de las características es el uso de la luz, que toma un papel importante a la hora de sumergirnos en los determinados comportamientos que las distintas drogas producen, siendo está a ratos muy viva, mezclando colores cálidos y fríos de manera intermitente, y a otros oscura y deprimente, mostrando de manera casi fidedigna los momentos posteriores a los efectos de la consumición.
Las actuaciones a cargo de Depp y Del Toro son dignas de adulación, creando una pareja de culto dentro de este modo de hacer cine, asemejándolos quizá con Micky y Mallory, de Asesinos por naturaleza (Oliver Stone, 1994).

"Quien hace una bestia de si mismo se libra del dolor de ser un hombre".
Pero la trama esconde algo más aparte del desfase plasmado en imágenes, ya que, entre líneas, se puede apreciar la crítica a la sociedad americana de los 60, específicamente a la joven generación que quiso cambiar las convicciones e ideales del mundo, fracasando estrepitosamente y dejando como herencia una subcultura rendida al culto de los estupefacientes. Es la historia de las personas que, al ver acabado el movimiento en el que habían cimentado sus vidas, se vieron perdidas y sin comprender a la sociedad que les había tocado vivir, viéndola como algo envenenado y amargo.

En conclusión, Miedo y asco en las Vegas me parece, en todos los sentidos, una obra de arte catalogada en un museo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver, tratando de explorar otras maneras de narrar sin descuidar el apartado visual. Te lleva de un lado a otro, te patea en la cara, vives los estímulos que ellos viven, y que otros nunca vivirán. Te sumerge en un mundo donde los pensamientos de los personajes se mezclan con su realidad alternativa. Una película que recomiendo encarecidamente a todo el que esté dispuesto a apreciarla. 

NOTA: 9,2/10


viernes, 10 de julio de 2015

Reseña: IDA (2013, Pawel Pawlikowski)

Ida es una novicia que está a punto de jurar sus votos para convertirse en monja, cuando, a través de la madre superiora del convento en el que reside desde que era niña (es huérfana), se entera de que tiene un pariente cercano vivo, la hermana de su madre. La joven conoce a Wanda, una antigua fiscal del estado convertida en juez. Con cierto escepticismo, su tía la acoge unos días en su casa. Le revela que es judía de nacimiento, y que sus padres murieron durante la ocupación nazi en Polonia. Juntas intentan encontrar el paradero de los restos de su familia, para que así Ida pueda jurar los votos en completa paz consigo misma.



Este el resumen de Ida, la nueva película de  Pawel Pawlikowski, director de películas de menor renombre como My summer of love u Oculta pasión.
El film se caracteriza principalmente por el uso del blanco y negro, mostrándonos toda la belleza visual y todas las emociones que esta gama cromática puede suscitarnos, creando en ocasiones paisajes oníricos de niebla y bosques. Otra de sus características, quizá la mejor de ellas, es la fotografía a cargo de Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski, que consigue dar a la película una fuerza visual poco vista actualmente, teniendo en cuenta los escasos elementos dentro de la escena y los casi inexistentes movimientos de cámara. A pesar de esto, la textura de los distintos lugares en los que se desarrolla la acción se mantiene constante y rica en casi todo momento, cosa que es de agradecer.
Las actuaciones no son un rasgo a destacar (no me malinterpretéis), ya que están más enfocadas a la austeridad y a la sencillez, no por ello siendo peores. Las protagonistas consiguen hacer avanzar la trama de una manera concisa, sin necesidad de recurrir a repentinos giros narrativos o situaciones que saquen de contexto a la cinta, manteniéndose siempre dentro del cuadro que ha elegido desde un principio. La personalidad totalmente opuesta de estas crea un dúo que nos hará reflexionar sobre los distintos modos de ver la vida, conociendo su filosofía.



En lo que a trama se refiere, la película toca temas como la religión y felicidad a través de la ignorancia ( primera parte, en el convento), el descubrimiento y la inmersión en los valores que predica la civilización (búsqueda con su tía) y encontrarse cara a cara con tentaciones que ella habría tachado de pecaminosas, así como la incursión del hombre como remedio contra la soledad y la confusión a través del sexo (el saxofonista). Todo esto le hará replantearse a Ida su moralidad y sus convicciones existenciales, que antes creía tener aferradas en lo más profundo de su alma.

En conclusión, Ida me parece una muy buena película en lo que se refiere a la imagen y el trato a sus personajes, perdiendo un poco quizá en los diálogos y como se presentan.
Una obra muy recomendable para quienes disfruten con el séptimo arte, pero que no se esperen nada innovador (o al menos a primera vista).

NOTA: 8/10